Animalia Magazine

Gato Cazador

 

Manada. El gregarismo y la fuerza de la familia

MVZ Adriana Díaz Avelar

¿Sabías que tu perro necesita una mandada para garantizar su estabilidad emocional? No se trata de que tengas muchos perros, sino de que lo hagas sentir, realmente, parte de la manada.

Todos sabemos que muchos de nuestros comportamientos están basados en nuestro instinto, y utilizamos esta palabra con regularidad tratando de justificar actos que no fueron pensados o racionalizados, así de fuertes son los instintos que nos llevan, sin preguntar, a realizar toda clase de actos.


Instinto: Conducta innata y no aprendida que se transmite genéticamente entre los seres vivos de la misma especie y que les hace responder de una misma forma ante una serie de estímulos. Impulso natural e interior que provoca una acción o un sentimiento, sin que se tenga conciencia de la razón a la que obedece.


Existen muchas clases de instintos, supervivencia, de caza, maternal, etc., pero en esta ocasión me gustaría hablarte del instinto gregario.


Cuando pensamos en la relación entre el perro y los lobos, es fácil imaginar a un grupo de ellos conviviendo juntos, por supuesto, en Manada. Los lobos utilizan la manada o jauría al igual que muchos animales para poder realizar muchas actividades que los harán fuertes y los ayudarán a sobrevivir. Esta estructura social es conocida en gran parte de los animales en forma natural, los animales buscan tener agrupaciones, así podemos observar a una colmena de abejas, una colonia de hormigas o una manada de lobos.


La finalidad de estos grupos principalmente se resume en dos: protección y alimentación, es decir, se vuelve más sencilla la supervivencia cuando podemos cazar, recolectar y protegernos entre varios animales, aunque existen otros motivos como la reproducción, la necesidad de interactuar con otros, el acicalamiento, etcétera.


Esta capacidad de reunión se da gracias a un instinto muy poderoso que prevalece a pesar de la domesticación del perro: el instinto Gregario. Gregarismo es aquello que nos impulsa a formar grupos, con el fin de colaborar unos con otros y así asegurar la supervivencia.


Este instinto nos es bastante familiar, ya que nosotros lo tenemos como sociedad y es tan intenso, que seguro lo puedes reconocer en las cosas que haces a diario. ¿Alguna vez has estado en un supermercado o entrando a un salón de clases nuevo? Seguro lo que haces es un rápido paneo sobre las personas que integran la fila, y con sólo mirar puedes hacer un juicio de quién “te cayó” bien o mal, con quién podrías llegar a tener una conversación y a quién mejor no te le acercas. Podría parecer que tan sólo estamos haciendo el clásico “viboreo” pero no, no somos tan malos como parece, esta actividad es tan un análisis rápido y tal vez precario, para poder saber con quién formar un grupo en un momento de emergencia. Es tan eficaz que cada vez que escogiste tu lugar en un aula, difícilmente escogiste al grupo de personas equivocadas y es con quien lograste establecer un grupo social.


El gregarismo hace que nuestras mascotas busquen establecer vínculos, con nosotros, muy similares a los que tendrían en su manada de forma natural. Así es, somos el equivalente a la manada. Los instintos son imposibles de desaparecer, no importa cuánto trates, no lograrás borrarlos, son genéticos, de algún modo se han abierto paso a través del tiempo para ayudarnos a sobrevivir.


La importancia de este instinto radica en la responsabilidad que tenemos como dueños, ya que hay muchos animalitos que no tienen una manada y por ello es que desarrollan problemas de comportamiento. El tener una mascota que siempre está en una azotea, sólo hará que pierda poco a poco la razón; no importa si el confinamiento se trata de un jardín hermoso y grande, el perro necesita interactuar de forma activa y constante con la manada. Ya sé que no nos pueden acompañar al trabajo, pero cada vez que estemos en casa debemos permitir que nuestros amigos convivan con nosotros.

 

¿Cuáles son los riesgos de privar de esta interacción a un perro?
Sé que puede parecer poco relevante, pero los riesgos son muchos. Para comenzar tendremos animales tristes y deprimidos, y esto puede llevarlos a tener conductas aberrantes como: sobreacicalamiento, vocalizaciones excesivas, evacuaciones inapropiadas, falta de actividad, etc. Estos serán los primeros indicadores de la inconformidad del perro, pero si pensamos en uno de los fines principales de la manada, la protección, puede ser que estos amigos incluso comiencen a exagerar conductas defensivas. Esto es, van a tratar de “cuidarnos mejor”, demostrar que son importantes, fuertes y necesarios para la manada, para así lograr pertenecer. Van a ladrarle más a las visitas y extraños, y pueden llegar incluso a demostrar comportamientos más agresivos debido a la frustración que esto les genera. Además, si ellos están tratando de demostrar que pueden ser útiles para proteger y aún así no consiguen su lugar dentro de la manada, estos comportamientos cada vez se irán intensificando, pudiendo generar agresividad. ¿Quién puede culpar de estar enojado y frustrado a alguien que está en aislamiento? Por eso la cárcel es un castigo.


Así que recuerda que cuando tenemos un amigo en casa, debemos ocuparnos de darle todo lo que necesita, y la parte social es prioridad, tanto como la alimentación.


Conoce a tu mascota, dale un espacio en tu hogar y en tu corazón, las relaciones entre los perros y el hombre pueden llegar a ser algo maravilloso cuando nos damos la oportunidad de tener una convivencia plena.

 

Adriana Díaz, Médico Veterinario Zootecnista por la UNAM. Adiestradora profesional canino por parte de la Federación Canófila Mexicana. Dedicada a generar relaciones ideales entre nuestros mejores amigos y nosotros, tanto en su salud como en la parte conductual.